Travel4 en...

Filipinas

Siem Reap

Manila

Manila

Valencia

Barcelona

Singapur

Split

Dubrovnik

Estambul

Barcelona

Siem Reap

Singapur

Manila

Manila

Estambul

Valencia

Croacia

Entre las aguas turquesas del Mar Adriático y pueblos con siglos de historia, Croacia combina naturaleza y cultura como pocos destinos. Da igual si buscas aventura, playa o historia: siempre hay un rincón que sorprende.

En este viaje recorrí algunas de sus más de 1.200 islas, como Brač —famosa por la playa Zlatni Rat en Bol— y Korčula, que presume de ser la cuna de Marco Polo.

Fue un recorrido de paisajes impresionantes, pueblos de postal y localizaciones de Juego de Tronos. También hubo cascadas: visité el Parque Nacional de Krka, aunque el más grande y famoso es Plitvice, que queda pendiente para la próxima.

¿Qué Necesitarás Para Tu Viaje?​

  • 🛡️ Seguro de viajes: IATI / Mondo
  • 🛂 Pasaporte: No hace falta pasaporte. Desde el 1 de enero de 2023, Croacia pasa a formar parte de la zona Euro y del espacio Schengen.
  • 💉 Vacunas: No necesarias.
  • 🌐 Consejo: Se recomienda revisar la web del MAEC antes de realizar el viaje y durante la planificación del mismo por si hubiera algún cambio.

Información importante

  • 🗣️ Idioma: Croata
  • ✝️ Religión: Mayoría católica; minorías ortodoxa, musulmana y protestante
  • 💰 Moneda: Euro desde enero 2023 (antes, Kuna)
  • 🔌 Electricidad: No se necesita adaptador
  • Diferencia horaria: Misma que en España peninsular ()
  • 🌦️ Clima: Costa mediterránea (veranos calurosos, inviernos suaves); interior continental (veranos cálidos, inviernos fríos). Mejor evitar agosto por calor extremo

¿Qué meter en la maleta?

  • 👕 Ropa cómoda para caminatas y visitas
  • 🥾 Zapatillas cómodas para andar
  • 🕶️ Gafas de sol y 🌞 crema solar
  • 🩱 Ropa de baño y 🧺 toalla
  • 🧢 Gorra o sombrero
  • 🩴 Chanclas
  • 🔋 Cargador portátil
  • 💊 Pastillas para el mareo (si eres propenso y viajas en barco)

Dubrovnik

Con su casco antiguo rodeado de murallas medievales y calles empedradas, Dubrovnik es como un viaje en el tiempo. Pasear por sus plazas y rincones te hará sentir parte de su historia.

La ciudad vibra especialmente en el Festival de Verano, con música, teatro y danza llenando cada rincón. Sus museos y galerías permiten sumergirse en su rica herencia cultural.

Más allá de sus murallas, Dubrovnik presume de playas de aguas cristalinas como Banje y Lapad, perfectas para relajarte o practicar deportes acuáticos.

Y para los fans de Juego de Tronos, aquí se rodó gran parte de King’s Landing. Fort Lovrijenac, la escalinata de San Ignacio y otras localizaciones ofrecen tours temáticos para revivir escenas icónicas.

Tokyo Skytree
Tokyo Skytree

Rumbo a Asia

El viaje comenzó saliendo rumbo a Madrid para coger el avión que nos llevaría hasta Japón. El vuelo salía a las 15:30 y hacía escala en Polonia.

Tras una espera de unas tres horas en la escala, volvimos a subir al avión para afrontar el último tramo del viaje, esta vez ya con destino final Tokio.

Aterrizamos a las 19:30, hora local japonesa, y nos encontramos con la primera prueba del viaje: una larga cola en el control de inmigración. Paciencia, papeleo y primeras sensaciones de estar en un país completamente distinto al nuestro.

Una vez superado el trámite, cogimos el tren que nos llevó hasta la zona del hotel. Después de tantas horas de vuelo, el cansancio era considerable, pero aun así dejamos las maletas y salimos a dar una pequeña vuelta por los alrededores.

Necesitábamos estirar las piernas, tomar algo de aire y empezar a asimilar que el viaje había comenzado de verdad. Sin alargar demasiado la noche, volvimos pronto para descansar. Al día siguiente tocaba empezar a descubrir Tokio en serio.

Puerta Kaminarimon
Puerta Kaminarimon
Templo y Pagoda
Templo y Pagoda

¿Dormir? ¿Eso qué es?

  • 🏨 Alojamiento: Amanek Asakusa Ekimae
  • 📍 Puntos clave: Senso-ji, Kaminarimon, Nakamise, Tokyo Skytree, Ueno, Ameya-Yokocho, Akihabara
  • 👣 Distancia recorrida: 30 km

Dormir… lo justo. Apenas unas horas antes de que el jet lag hiciera de las suyas. Sobre las 3–4 de la madrugada ya estábamos dando vueltas en la cama sin conseguir dormir, así que decidimos levantarnos y salir a explorar los alrededores.

Muy cerca del hotel teníamos el templo Senso-ji, así que fue lo primero que vimos de todo Japón. Se trata del templo budista más antiguo de Tokio, construido en el año 645.

Su imponente puerta Kaminarimon es uno de los iconos de la ciudad y, aunque durante el día se forman colas para hacerse la foto de rigor, a esas horas pudimos disfrutarla con bastante tranquilidad. Tras cruzarla, se accede a la animada calle comercial Nakamise, repleta de puestos tradicionales que llevan hasta el santuario principal y la pagoda de cinco pisos.

Después cruzamos el río Sumida en dirección a la torre más alta de Japón, el Tokyo Skytree. Con sus 634 metros de altura, cuenta con dos plataformas de observación desde las que se obtienen vistas panorámicas de Tokio. Con buen tiempo es posible ver el Monte Fuji; en nuestro caso solo se intuía ligeramente su silueta.

Desde allí cogimos el metro rumbo a Ueno para visitar su famoso parque. En el parque de Ueno se puede entrar al zoo —que esta vez dejamos pasar— y visitar el Santuario Ueno Toshogu, cuya construcción data del año 1627.

A la hora de comer nos dirigimos a la calle Ameya-Yokocho, donde probamos nuestro primer ramen del viaje acompañado de una cerveza japonesa. Todo un acierto para reponer fuerzas.

Y para terminar el día, pusimos rumbo a Akihabara. Tiendas de manga, máquinas de gashapon, recreativas y videojuegos por todas partes. Una experiencia tan caótica como divertida.

Tras unos 30 kilómetros caminados, volvimos a Asakusa para cenar y, esta vez sí, intentar descansar de verdad.

Tokyo Tower
Tokyo Tower
Estación de Tokio
Estación de Tokio
Godzilla
Godzilla

Más y más pasos

  • 🏨 Alojamiento: Amanek Asakusa Ekimae
  • 📍 Puntos clave: Estación de Tokio, Ginza, Palacio Imperial, Torre de Tokio, Santuario Hie, Odaiba, Tsukiji Hongan-ji, Kabukiza
  • 👣 Distancia recorrida: 32,9 km

Volvemos a madrugar con la intención de recorrer todo lo que teníamos marcado para este día. Amaneció con lluvia y frío, algo que, sin saberlo todavía, nos iba a regalar alguna que otra ventaja.

La primera parada fue la estación de Tokio. Gracias al mal tiempo conseguimos verla y fotografiarla prácticamente sin gente, algo poco habitual en un lugar tan concurrido.

Desde allí dimos una vuelta por el barrio de Ginza, conocido por sus tiendas de lujo, grandes marcas y edificios de arquitectura moderna.

Continuamos caminando hasta el Palacio Imperial de Tokio, situado en pleno centro de la ciudad. Aunque el acceso al palacio está restringido, sí se pueden visitar los jardines, rodeados de un gran foso y zonas verdes que contrastan con el ritmo de la ciudad.

La siguiente parada fue la Torre de Tokio, en el barrio de Minato. Con sus 333 metros de altura, fue construida como torre de comunicaciones y su inspiración en la Torre Eiffel es más que evidente.

De camino pasamos por el Santuario Hie, en Chiyoda. Un pequeño respiro de tranquilidad antes de seguir sumando pasos.

Tras volver a la estación de Tokio para comer un poco de sushi, pusimos rumbo al barrio de Odaiba. Allí vimos el famoso robot gigante, una réplica de la Estatua de la Libertad y el edificio de la televisión que aparece en Digimon. Sí, momento friki incluido.

Ya de vuelta, hicimos una última parada en el Templo Tsukiji Hongan-ji y pasamos por el teatro Kabukiza. Para cerrar el día como se merece, terminamos cenando un ramen en Ichiran. Tremendo.

El contador del día se cerró con 32,9 kilómetros caminados. Nada mal.

Estatua Hachiko
Estatua Hachiko
Parque Nacional Shinjuku Gyoen
Parque Nacional Shinjuku Gyoen

No siento las piernas...

  • 🏨 Alojamiento: Amanek Asakusa Ekimae
  • 📍 Puntos clave: Santuario Meiji, Parque Yoyogi, Shibuya, Shinjuku Gyoen, Gotoku-ji, Kabukicho
  • 👣 Distancia recorrida: 33,6 km

Nuevo madrugón y otro día por delante cargado de planes. Tocaba seguir descubriendo Tokio a base de caminar… mucho.

Empezamos el día visitando el Santuario Meiji, uno de los más importantes del país. Rodeado de un enorme bosque, el contraste con la ciudad es brutal: pasas del ruido al silencio en cuestión de minutos.

Justo al lado se encuentra el Parque Yoyogi. Pagamos 500¥ para entrar y dimos un buen paseo por sus caminos y zonas verdes, aprovechando para bajar un poco el ritmo antes de volver al caos urbano.

Desde allí pusimos rumbo a Shibuya. Primera parada obligatoria: la estatua de Hachiko. Después, tocó cruzar el famoso Shibuya Crossing y perdernos por calles tan conocidas como Takeshita Street, llena de tiendas, gente y un ambiente bastante curioso.

A la hora de comer hicimos una parada en Rakeru para probar su omurice. Comimos los dos por 2.365¥, y fue un acierto total para recargar energías.

Con el estómago lleno seguimos caminando hasta el Shinjuku Gyoen National Garden, uno de los jardines más bonitos de la ciudad. Un lugar perfecto para desconectar un rato y descansar las piernas, aunque solo fuera mentalmente.

Por la tarde nos desplazamos hasta el templo Gotoku-ji, conocido como el templo de los gatos. Está lleno de figuras de maneki-neko y tiene un ambiente muy tranquilo, bastante distinto a lo que habíamos visto hasta ese momento.

Ya cayendo la noche, dimos un paseo por Kabukicho, recorriendo calles como Sakura-dori y la conocida Godzilla Road, con el famoso Godzilla asomando entre los edificios.

Para cenar, nada mejor que unos pinchos en Omoide-Yokocho. Un sitio con mucho ambiente donde cenamos por unos 1.600¥ por persona. Perfecto para cerrar el día.

El contador volvió a marcar números serios: 33,6 kilómetros caminados. Tokio no perdona… pero merece cada paso.

Dibujo tetería - Poblado nubio
Dibujo tetería - Poblado nubio
Poblado nubio
Poblado nubio

Entre nieve, retrasos y linternas

  • 📍 Puntos clave: Nishiki Market, Tienda Nintendo Kioto, Santuario Yasaka, Kiyomizu-dera, Sannenzaka, Ninenzaka
  • 👣 Distancia recorrida: 20,9 km

Tokio se despidió de nosotros de una forma bastante inesperada: nevando. No era lo que teníamos en mente para el último día en la ciudad, pero le dio un toque especial a la mañana antes de poner rumbo a nuestro siguiente destino.

Tocaba coger el tren hacia Kioto. El trayecto no fue tan fluido como esperábamos, ya que acumulamos varios retrasos, pero finalmente conseguimos llegar a la antigua capital imperial.

Una vez en Kioto, la primera parada fue el Nishiki Market. Un mercado lleno de vida, puestos de comida y productos locales. Allí aprovechamos para comer un yakisoba por 2.890¥, perfecto para reponer fuerzas.

Muy cerca se encuentra la tienda oficial de Nintendo en Kioto, parada obligatoria tanto si eres fan como si no. Difícil salir con las manos vacías.

Continuamos la ruta visitando el Santuario Yasaka, uno de los más conocidos de la ciudad, especialmente bonito al atardecer. Desde allí pusimos rumbo a uno de los platos fuertes del viaje.

Llegamos al templo Kiyomizu-dera. La entrada cuesta 500¥ y, sinceramente, es espectacular. El templo se alza sobre una estructura de madera con vistas increíbles de la ciudad y es uno de esos lugares que justifican por sí solos la visita a Kioto.

Después bajamos caminando por las calles tradicionales de Sannenzaka y Ninenzaka. Calles empedradas, casas de madera y ese ambiente tan característico que hace que Kioto se sienta completamente diferente a Tokio.

La vuelta al hotel fue toda una odisea. Caminamos por calles prácticamente a oscuras, pegados al arcén de algunas carreteras y guiándonos únicamente por la luz de las linternas del móvil. Una de esas situaciones que en el momento no hacen tanta gracia… pero que luego recuerdas con una sonrisa.

Para terminar el día, cenamos okonomiyaki por 3.740¥. Una forma perfecta de cerrar una jornada intensa y muy distinta a las anteriores.

El día terminó con 20,9 kilómetros caminados. Menos que en Tokio, pero suficientes después de todo lo vivido.

Esfinje - Giza
Esfinje - Giza
Pirámide de Kefrén - Giza
Pirámide de Kefrén - Giza
Coloso Ramses II - Menfis
Coloso Ramses II - Menfis

Atracados por ciervos en Nara

  • 📍 Puntos clave: Nara, ciervos de Nara, Todai-ji, Kyoto Gyoen, Palacio Imperial de Kioto
  • 🥾 Kilómetros: 37,6 km

El cuerpo empezaba a pasar factura, pero el plan del día era demasiado bueno como para bajar el ritmo. Tocaba salir de Kioto para visitar uno de los lugares más curiosos y divertidos del viaje: Nara.

Nada más llegar entendimos por qué es tan especial. Los ciervos campan a sus anchas por calles y parques, cruzándose contigo como si fueran peatones más. Compramos las típicas galletas y pasamos un buen rato dándoles de comer. Algunos eran educados… otros bastante insistentes 😅. Sin duda, lo mejor de Nara y una experiencia imprescindible si visitas Japón.

Antes de seguir recorriendo la ciudad, nos paramos a ver cómo preparaban mochis de forma tradicional. Todo un espectáculo: golpes rápidos, coordinación perfecta y un montón de gente mirando con la boca abierta.

Después sí, tocaba una de las visitas más importantes de la ciudad, el Templo Todai-ji. El recinto impresiona por su tamaño y por albergar al Gran Buda de bronce, una de las estatuas más grandes del mundo. Aun así, entre tanto templo y tanta caminata, los ciervos seguían robándose todo el protagonismo.

Con Nara bien disfrutada, regresamos a Kioto para seguir sumando pasos. Paseamos por el Kyoto Gyoen, el enorme parque que rodea el Palacio Imperial de Kioto. Un espacio amplio y tranquilo que vino bien para bajar pulsaciones… aunque solo un poco, porque el contador de kilómetros no dejaba de subir.

Para comer tiramos de puesto callejero, algo sencillo pero efectivo. Por la noche, ya cerca del hotel, tocó una cena de gyozas que supo a gloria después de una jornada de casi 38 kilómetros.

Día durísimo a nivel físico, pero también de los más divertidos del viaje. Nara fue un acierto total y los ciervos, sin duda, se llevaron el premio al recuerdo más inesperado de Japón.

Patio Mezquita - El Cairo
Patio Mezquita - El Cairo
Ciudadella - El Cairo
Ciudadella - El Cairo

Kioto en modo intensito

Kioto volvía a ponernos a prueba con otro día intenso, pero de esos que se disfrutan de principio a fin.

La primera parada fue el Bamboo Forest de Arashiyama. Pasear entre esos altísimos tallos de bambú, con el sonido del viento y la luz colándose entre ellos, es una experiencia bastante hipnótica. Muy turístico, sí, pero aun así merece mucho la pena.

Desde allí nos acercamos al templo Otagi Nenbutsu-ji, conocido por sus cientos de estatuas de piedra con caras… digamos que muy expresivas 😅. Cada una es distinta: algunas sonríen, otras parecen enfadadas y otras directamente dan un poco de mal rollo. La entrada cuesta 400¥ y es una visita diferente y muy curiosa.

Seguimos con el Ryoan-ji, famoso por su jardín zen de piedras. Aquí todo va de calma, silencio y contemplación. Te sientas, miras el jardín y entiendes por qué este sitio tiene tanta fama. La entrada fue de 600¥.

Después llegó uno de los grandes clásicos del viaje: el Pabellón Dorado (Kinkaku-ji). Da igual cuántas fotos hayas visto antes, cuando lo tienes delante impresiona. El reflejo del templo sobre el agua, rodeado de naturaleza, es simplemente espectacular.

Para comer hicimos una parada bien merecida: oyako donburi y udon, por 5.900¥, que entraron de lujo para recuperar fuerzas.

Y con energías renovadas, tocaba uno de los platos fuertes del viaje: Fushimi Inari. Sus interminables torii rojos subiendo por la montaña son una auténtica pasada. Caminamos entre ellos al atardecer, cuando ya había menos gente, y la experiencia fue todavía mejor. Es uno de esos lugares donde cuanto más avanzas, más te atrapa el ambiente.

Para cerrar el día, cena sencilla pero efectiva: 7/11, por 1.959¥. A veces no hace falta más después de un día así.

Otro día de Kioto tachado de la lista… y otros 34,1 kilómetros sumados a las piernas.

Mezquita - El Cairo
Mezquita - El Cairo

Del Japón imperial al Japón callejero

  • 🏨 Alojamiento: Osaka Tokyu REI Hotel
  • 📍 Puntos clave: Castillo Nijo, Osaka, Castillo de Osaka, Dotonbori
  • 👣 Kilómetros caminados: 31,1 km

Último día en Kioto antes de poner rumbo a Osaka, pero todavía quedaban cosas por ver. La mañana empezó con la visita al Castillo Nijo, antigua residencia de los shogunes Tokugawa. Un lugar histórico y bien conservado… aunque duele un poco pagar 1.300¥ por la entrada 🥲.

Antes de despedirnos de Kioto, tocaba reponer fuerzas con un omurice, que nos costó 3.300¥. Con la barriga llena, cogimos el tren rumbo a Osaka, cambiando completamente de ambiente.

Ya en la ciudad, una de las visitas obligadas fue el Castillo de Osaka. Imponente, rodeado de amplios jardines y con un aire mucho más abierto que el de Kioto. La entrada nos costó 600¥ y, aunque el interior es bastante museo, el exterior y las vistas merecen la pena.

Para terminar el día como se merece, nos fuimos a Dotonbori. Luces, carteles gigantes, ambiente a tope y comida por todas partes. Allí probamos los míticos takoyaki, recién hechos y por solo 680¥. Una cena sencilla, barata y 100 % Osaka.

Con las piernas ya bastante castigadas tras más de 31 kilómetros caminados, pusimos rumbo al hotel para descansar. Kioto quedaba atrás y Osaka nos daba la bienvenida como solo ella sabe hacerlo.

Mezquita - El Cairo
Mezquita - El Cairo

Frikeando bajo la lluvia

  • 🏨 Alojamiento: Osaka Tokyu REI Hotel
  • 📍 Puntos clave: Universal Studios Japan
  • 👣 Kilómetros caminados: 22,9 km

Día completamente distinto a los anteriores: tocaba dejar templos, castillos y ciudades para meternos de lleno en Universal Studios Japan. Un parque temático que, si eres un poco friki… es directamente un sueño.

Nada más entrar, empezamos a movernos por algunas de las zonas más conocidas del parque. Super Nintendo World fue, sin duda, una de las más espectaculares: colores, música, detalles por todas partes y la sensación constante de estar dentro de un videojuego.

También pasamos por el mundo de Harry Potter, con su recreación de Hogwarts, tiendas temáticas y atracciones que hacen que se te escape alguna sonrisa aunque ya no seas un niño. No faltaron tampoco clásicos como Tiburón ni la zona de los Minions, donde el ambiente es pura locura.

El único “pero” del día fue el tiempo. Nos cayó una buena tormenta que nos acompañó durante buena parte de la jornada, pero ni la lluvia consiguió quitarnos las ganas de seguir disfrutando del parque. Chubasquero, paciencia… y a seguir frikeando.

Tras unas 22,9 kilómetros caminados y con los pies pidiendo tregua, volvimos al hotel a descansar. Un día diferente, intenso y muy, muy friki.

Mezquita - El Cairo
Mezquita - El Cairo

Sprint final por Osaka

  • 🏨 Alojamiento: Osaka Tokyu REI Hotel
  • 📍 Puntos clave: Sumiyoshi Taisha, Tsutenkaku Tower, tiendas de electrónica, Dotonbori, Nishi Hongan-ji, Goryo-jinja
  • 👣 Kilómetros caminados: 30,6 km

Otro día completo por Osaka, y ya sabíamos lo que tocaba: calle, calle y más calle. La ciudad tiene un punto más “canalla” que Kioto y, cuanto más la recorres, más te engancha.

Empezamos visitando el Sumiyoshi Taisha, uno de los santuarios más antiguos e importantes de Japón. Tiene un ambiente muy tranquilo y, si vienes de días de ciudades a tope, se agradece ese ratito de calma antes de volver al caos.

Después nos fuimos a la zona de la Tsutenkaku Tower. Solo pasear por los alrededores ya es una experiencia: un barrio con personalidad propia, algo “peculiar”, entre lo retro, lo auténtico y lo turístico. Cerca también estuvimos dando una vuelta por las tiendas de electrónica de la zona, que siempre son un peligro si te gusta trastear o eres un poco friki.

Más tarde volvimos a Dotonbori, porque si estás en Osaka y no acabas allí… es como si no hubieras estado. Nos hicimos las fotos de rigor en el mítico cartel del corredor, pero lo curioso es que puedes meterte en una tienda y, con la perspectiva, sacar una foto como si estuvieras con él. Una tontería, pero queda bastante guay.

Entre medias fuimos también al Nishi Hongan-ji y al santuario Goryo-jinja, dos paradas que vienen bien para cambiar un poco el ritmo y no hacerlo todo “solo calles y luces”.

Y como esto es Osaka… tocaba comer algo típico otra vez. Probamos el famoso pastel de Rikuro’s (la tarta esa esponjosa que parece una nube) y, para cenar, repetimos con takoyaki. Es que es imposible no volver a caer. Además, ver cómo mueven las bolitas mientras lo cocinan es hipnótico: parece fácil hasta que lo intentas tú.

Otro día más con el contador disparado: 30,6 kilómetros. Osaka no se visita… Osaka se camina.

Mezquita - El Cairo
Mezquita - El Cairo

El gigante de Japón

  • 🏨 Alojamiento: HOTEL AMANEK Asakusa Ekimae
  • 📍 Puntos clave: Tren Kioto–Tokio, Monte Fuji, Asakusa, Nakamise, Akihabara
  • 👣 Kilómetros caminados: 17,5 km

Tocaba dejar Osaka atrás y volver a Tokio. El trayecto lo hicimos en tren y aquí va un apunte importante: no compramos el JR Pass, ya que en nuestro caso no nos salía rentable. Según la ruta y los días de viaje, puede salir mejor comprar los billetes por separado, como hicimos nosotros.

Durante el trayecto tuvimos uno de esos momentos que se quedan grabados. Desde el tren pudimos ver el Monte Fuji, imponente y perfectamente reconocible. Una de esas imágenes que no esperas y que te deja literalmente mirando por la ventana durante minutos.

Ya de vuelta en Asakusa, aprovechamos para pasear tranquilamente por la calle comercial Nakamise, ideal para comprar souvenirs, picar algo y disfrutar del ambiente antes de volver a meternos de lleno en el ritmo de la ciudad.

Por la tarde tocó volver a Akihabara, pero esta vez no tanto de compras. Nos dedicamos a lo realmente importante: jugar a las máquinas de ganchos y vaciar unos cuantos gashapon (o gachapon, da igual cómo se escriba 😅). Figuritas, intentos fallidos y alguna que otra victoria que supo a gloria.

Un día más relajado dentro de lo que cabe, con 17,5 kilómetros recorridos, y la sensación de que el viaje iba entrando ya en su recta final.

Mezquita - El Cairo
Mezquita - El Cairo

Se nos acaba...

  • 🏨 Alojamiento: HOTEL AMANEK Asakusa Ekimae
  • 📍 Puntos clave: Torre de Tokio, Takeshita Street, Shinjuku Gyoen, Omoide Yokocho, Godzilla Road
  • 👣 Kilómetros caminados: 25,6 km

Seguíamos exprimiendo Tokio y el día empezó con una de esas fotos míticas que ves mil veces antes de viajar. Nos acercamos a la Torre de Tokio para hacernos la clásica foto desde la salida peatonal de un parking, con la torre al fondo perfectamente encuadrada. La realidad: cola larguísima para la foto 😅. Aun así, tocó esperar… porque ya que estás allí, hay que hacerla.

Después pusimos rumbo otra vez a Takeshita Street. Si la primera vez nos pareció animada, esta vez estaba directamente a reventar de gente. Tiendas, colores, música, dulces rarísimos… un caos total, pero muy Tokio.

Más tarde dimos un paseo por el Shinjuku Gyoen National Garden. Aquí toca confesión: volvimos por un error mío, pensando que no lo habíamos visitado todavía. Cuando entramos y empezamos a reconocerlo todo… ya era tarde 😅. Eso sí, no fue mala idea repetir, porque es uno de esos sitios que siempre apetece.

Para cenar, repetimos en Omoide Yokocho. Ese callejón lleno de pequeños bares y restaurantes sigue teniendo un encanto especial, con humo, luces y gente apretada por todas partes.

Y para cerrar el día, paseo nocturno por las calles de Shinjuku, vigiladas por Godzilla desde lo alto de un edificio y acompañados por la enorme pantalla 3D que no deja de llamar la atención. Tokio de noche nunca decepciona.

Otro día completo, otros 25,6 kilómetros sumados… y la sensación de que, aunque las piernas ya van justas, cuesta mucho decirle que no a esta ciudad.

Mezquita - El Cairo
Mezquita - El Cairo

El adiós más inesperado

  • ✈️ Ruta: Tokio → Polonia → Madrid
  • 📍 Puntos clave: Nakamise Street, jaulas de béisbol, vuelo por el Ártico
  • 👣 Kilómetros caminados: 15,2 km

Último día en Tokio… y esa sensación rara de no saber muy bien qué hacer, porque no quieres que el viaje se acabe, pero tampoco te quedan demasiadas fuerzas.

Optamos por algo sencillo: volver a pasear por la calle Nakamise. Eso sí, esta vez con un calor considerable. Tiendas, souvenirs, dulces japoneses y ese ambiente constante que, por muchas veces que lo recorras, siempre apetece repetir.

Como nuestro vuelo no salía hasta la noche, decidimos cerrar el viaje de una forma diferente: ir a jugar al béisbol a una jaula de bateo. Sobre el papel parecía buena idea… en la práctica fue bastante lamentable 😂. Las bolas salían disparadas a toda velocidad y nosotros no dábamos una. Penosos, pero nos reímos muchísimo.

Por la noche tocó poner rumbo a casa. El vuelo de regreso se hizo siguiendo prácticamente la misma ruta que a la ida, pero a la inversa.

Y cuando pensábamos que el viaje ya no podía darnos más sorpresas, llegó la última desde el aire. El avión pasó por el estrecho de Bering y sobre el Ártico, lo que nos permitió ver impresionantes placas de hielo. Un final inesperado y espectacular para un viaje que no dejó de sorprendernos hasta el último momento.

Japón era un destino que, sinceramente, no me llamaba especialmente la atención antes de venir. Pero ahora, después de haberlo recorrido, vivido y caminado de arriba abajo, no veo el momento de volver.

Me voy con la sensación de haber descubierto un país único, y con unas ganas enormes de volver a pisar Japón cuanto antes.

Con 15,2 kilómetros más a la espalda, Japón se despedía… pero esta vez tengo claro que no será un adiós.